Lucía Lacarra: “El lado humano es lo que hace finalmente un artista”

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Gran figura de la danza internacional, Lucía Lacarra, natural de Zumaia, repasa para BasqueMagazine su exitosa carrera y nos comenta ilusionada su actual espectáculo con el que actuará el próximo 22 de mayo en el Kursaal donostiarra, Fordlandia.

Lucía Lacarra y Matthew Golding en Fordlandia. ©Leszek Januszewski
Lucía Lacarra y Matthew Golding en Fordlandia. ©Leszek Januszewski

¿Cuándo decidiste que el ballet iba a ser tu vida? ¿Lo tenías muy claro?

Es algo que tenía clarísimo desde los 3 años. Yo ya decía que iba a ser bailarina. En la época en Zumaia no había ni una sola academia. Tuve que esperar hasta los 9 años a que abrieran una. En un mundo en el que no existía, yo estaba decidida a que iba a ser una bailarina. En la primera academia, me agarré a la barra, hicimos la primera posición y yo ya me sentí una bailarina profesional. Con 11 años le recomendaron a mi madre que me llevara a un curso en Tarragona porque yo tenía muy buenas cualidades. Una vez allí, todos los profesores se volcaron sobre mí y le dijeron a mi madre que había traído a una estrella, que cada diez años nace una persona así. A raíz de este curso hablaron a mi madre de que había una profesora muy buena en Donostia, Mentxu Medel, que había trabajado niños muy bien preparados. Hasta entonces me habían propuesto llevarme a Barcelona, Bruselas, Cannes… Estuve en Donostia hasta los 14 años para acceder a una beca e ir a Madrid. Allí fue todo bastante rápido. Estuve un año en la escuela y con 15 años empecé a bailar como profesional.

La Lucía de entonces, ¿se imaginaba tener tantísimo éxito? Has obtenido premios muy importantes por tu carrera como bailarina en muchas partes del mundo.

Con 11 años pude ver el primer video, El Lago de los Cisnes. Llamé a mi madre y le dije: “Ves esas dos filas? Yo quiero ser la última de una”. Me parecía tan mágico ese mundo que yo lo que quería era vivir en un escenario, que mi trabajo fuera ir a un teatro y bailar. Con ser la última para mi era la mayor felicidad. No me imaginaba ni esperaba los premios. Para mi la danza siempre ha sido algo para disfrutar, para sentir emociones, expresarme… y no para sentirme juzgada. La danza, si es un arte, no puedes estar buscando la perfección. Cuando fui a Moscú, donde me dieron el Premio Benois de la Danse, el Óscar de la danza… Yo pensaba que nunca iba a tener uno así. Cada vez que cojo un premio digo: “Madre mía, quién me lo hubiera dicho”.

Fordlandia. ©Leszek Januszewski
Fordlandia. ©Leszek Januszewski

¿Cuándo es el primer momento y cómo es trabajar internacionalmente?

Yo estaba ya en Madrid. Llegó un punto en el que me di cuenta de que, por circunstancias, no era feliz. Volví a Donostia y, a través de un contacto, me fui con 18 años a Marsella porque necesitaban una estrella. El hecho de haber dicho ‘no’ porque no era feliz, me ha ayudado mucho en la vida. Porque luego no me ha costado irme de un sitio a otro. De un país a otro. Me he dado cuenta de que esta es mi vida, lo he dado todo por esta vida, pues tengo el derecho a decidir. Después de 3 años en Marsella me fui a San Francisco. Era como una búsqueda, aprender sobre mí misma y descubrir. Después de estar 5 años allí, me fui a Munich sobre una decisión ya hecha con más conocimiento de todo, basada en el teatro, el repertorio, el punto geográfico… Estuve allí durante 14 años. Y desde entonces, 2 años en Dortmund, Madrid… Ha sido una constante evolución a la que me he ido preparando poco a poco.

Fordlandia, proyecto con el que el próximo 22 de mayo actúas en el Kursaal de San Sebastián. ¿Qué nos puedes contar?

Fordlandia para mi es algo muy especial. Matthew Golding y yo nos conocíamos desde hace años, porque coincidíamos en galas. Nos encontramos en junio de 2019 en una de ellas y ahí conectamos, nos conocimos de verdad. Yo siempre había tenido ganas de producir un espectáculo. Y él por su lado también. En enero del 2020 fuimos hasta San Francisco pensando en crear una pieza. En febrero habíamos empezado a trabajar en otras piezas porque necesitábamos piezas para galas… Y en marzo se nos cayó el mundo al suelo. Empezó la pandemia. Estábamos en Alemania bailando, nos avisaron de que se cerraba todo y nos tuvimos que ir. Nos tuvimos que separar.

Fordlandia. ©Toti Ferrer
Fordlandia. ©Toti Ferrer

¿Y cómo os organizasteis?

Fue el momento de crear. Nos dijimos que para cuando acabase la pandemia tenía que estar el espectáculo preparado y en esas 10 semanas lo creamos, virtualmente. No queríamos algo maravilloso, extraordinario… queríamos algo honesto, queríamos plasmar lo que sentíamos en ese momento, la distancia. No sabíamos cuando íbamos a volver a bailar. Estrenamos Fordlandia con el 25% de aforo, pero a nosotros que hubieran 200 o 2000 personas nos daba igual, porque volvíamos a los escenarios. La gente después de ver Fordlandia me comunica que reciben ese sueño, esa evasión de la realidad, se transportan a algo mágico que es un viaje a través de un sueño que nosotros tenemos. Me dije a mi misma que cuando el aforo estuviera al 100% lo traería a Donostia para que la gente de aquí pudiese verlo y así lo he hecho.

Después de tantas vueltas por el mundo, ¿qué significa para ti regresar a Zumaia?

Volver a casa. Yo salí muy pronto y no volví hasta septiembre de 2019. Hasta entonces he estado viviendo por el mundo. Por eso más que nada Zumaia ha sido mi casa. Siempre he sabido que iba a estar condicionada por mi profesión. La danza condiciona tu vida. Para poder bailar yo sabía que tenía que vivir donde me llevará la danza.

Tuve una infancia totalmente normal, ingenua, feliz, con esa libertad y seguridad de un niño. Sintiéndome normal. Es importante para tu ego, cabeza… El lado humano es lo que te hace finalmente un artista. El tener un ego desproporcionado… No sirve de nada en el mundo. Es una locura ir de un lado para el otro… pero una locura que me encanta.

Fordlandia. ©Leszek Januszewski
Fordlandia. ©Leszek Januszewski

¿Nos puedes recomendar un plan para alguien que nos visita por primera vez?

Yo cuando suelo venir es para descansar ya que no paro en mi día a día. Me encanta irme a San Sebastián, acudir a La Perla… El País Vasco lo bonito que tiene es lo natural y casual que es todo. No necesita uno tener un plan y puede descubrir sitios pequeños, restaurantes maravillosos para comer en todos los lugares, paseos divinos donde geográficamente es una maravilla… He descubierto muchas cosas con Matt, lo he empezado a ver a través de sus ojos. Está enamorado de Zumaia. Tenemos mucha suerte de vivir donde vivimos.

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